Un barrio que podría ser Barrio Unión en Barquisimeto, lleno de subidas y bajadas.

Una casa de tres pisos. En la planta baja, un salón comunitario donde dan tareas dirigidas, clases de guitarra, flauta, portugués e inglés. Por una pronunciada rampa llegamos hasta arriba: un espacio hermoso con piso de madera. La decoración la constituyen los birimbaos cuidadosamente colgados unos al lado del otro, panderetas y otros instrumentos tradicionales.

Participamos en un encuentro especial de Capoeira Angola, barrio Veracruz en la ciudad brasileña de Belo Horizonte, por el cierre del año. La Capoeria desde 2014 fue reconocida por la UNESCO como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Hay varios maestros de diferentes grupos de Capoeria con sus alumnos, que atendieron la invitación de Primo, maestro responsable de una escuela muy especial donde nos encontramos: Grupo IUNA de Capoeira Angola.

Un grupo de músicos, cercanos a la pared, comienzan a tocar y poco a poco se incorporan en el canto alrededor de cincuenta personas que completan la rueda. Todos sentados en el suelo con diferentes uniformes: pantalón negro y franelas amarillas algunos y otros con franelas blancas, dependiendo de la escuela a la cual pertenecen. Todos usan zapatos deportivos y la franela rigurosamente metida dentro del pantalón. Esta vestimenta, limpia y bien colocada, habla en sus orígenes del orgullo del negro que dejó de ser esclavo y ganó su “derecho” a usar pantalón y zapatos.

Todo ocurre alrededor de la rueda. La rueda refleja el sentido de la comunidad, dice el maestro Primo: Todos somos iguales y podemos participar. Van surgiendo parejas para jugar en la rueda, de una en una. Juegan los más experimentados con los principiantes, jóvenes con adultos mayores, hombres con mujeres. En esta rotación se doma el orgullo. Se alimenta la humildad y las ganas de enseñar y aprender unos de otros.

Los ejecutantes de la música (hombres y mujeres por igual) se van turnando a ratos sin interrumpir la interpretación. Se hacen una seña y se pasan el instrumento. Quien entrega el instrumento pasa a sentarse en otro lugar de la rueda. Uno de los “Mestres” dirige el canto que se ha ido transmitiendo desde hace siglos con frases llenas de sabiduría. En otros momentos, al modo del “poco a poco” en el tamunangue, va haciendo comentarios, a veces jocosos, animando a la rueda, interviniendo en ocasiones si uno de los jugadores está agresivo o fuera del ritmo…Es una manera suave de orientar lo que ocurre en la rueda.

Todos los capoeiristas van rotando en las diferentes acciones. Para ello, en los entrenamientos deben aprender, no sólo habilidades físicas, que son exigentes, sino también a cantar y a tocar los diferentes instrumentos. Porque de eso se trata la capoeira: los miembros de la comunidad asumen la rueda jugando, tocando, cantando y reflexionando.

Nunca una palabra estuvo mejor empleada: la capoeria es un JUEGO no es una lucha. Los jugadores, por parejas (no importa el sexo), que van pasando a hacer su “baile”, se saludan primero, agachados, tomándose las manos con cariño, frente al maestro que toca el birimbao mayor y se persignan. Luego, durante la danza que realizan, se sonríen, se hacen guiños. Es un diálogo continuo y rítmico. Si esta armonía se rompe, hacen una pequeña pausa, a modo de reflexión y retoman el movimiento.

El maestro Primo, un hombre negro de mediano tamaño, fuerte, de aspecto juvenil, aunque se acerca a los 60 años, dice: en la Capoeria Angola todos nos debemos respeto. Cuando jugamos debemos cuidar de no agredir al compañero o a la compañera.

Primo continuamente está propiciando la reflexión con todos quienes lo rodean. El insiste en que el mercado es ruin. El mercado trata de convertir todo en una mercancía y le quita a la Capoeria su sentido de búsqueda individual y comunitaria de salud y armonía. La convierte en una práctica donde hay personas que quieren ser más que otras, donde hay competencia, hay “espectáculo”, hay dinero de por medio. El mercado corrompe la esencia de la capoeria como expresión cultural del negro esclavizado que en esta práctica encontraba el espacio para ser libre, mejorar su condición física y mantener su sentido de comunidad: la rueda, lo circular…

Al cabo de unas dos horas, termina el juego donde casi todos han participado. Primo, como anfitrión, agradece la celebración e invita a los presentes para que a partir de marzo se organicen para visitar los diferentes grupos de Capoeria Angola de Belo Horizonte (una ciudad más grande que Caracas) para conocerse más y generar integración frente a posibles agresiones, dada la nueva realidad política de Brasil.

Es necesario fomentar la unión para cuidar el sentido de libertad, rebeldía y preservación de la comunidad que es la esencia de la Capoeira Angola, añade.