Hace pocos días, el encargado regional del Ministerio de Comercio y el supervisor la distribución de alimentos en la región se presentaron en nuestros depósitos. Venían acompañados por un contingente de la Guardia Nacional. Su misión, por orden de la Vice Presidencia de la República, era incautar un lote de aceite valorado en 120.000 dólares. Lo habíamos comprado a un importador. En un enorme camión, los miembros de la guardia comenzaron a cargar las cajas de aceite ante la protesta de algunos de nuestros asociados que se encontraban en ese momento. La justificación de la incautación fue que se trataba de un aceite que había entrado ilegalmente al país, hecho que el importador niega, mostrando los documentos sellados en la aduana fronteriza con Colombia. Ya se habían incautado varios lotes de ese aceite en el mercado mayorista de Barquisimeto.
Al poco tiempo, respondiendo al aviso de lo que ocurría, fueron llegando centenares de integrantes de la red Cecosesola. Unos con rabia, queriendo impedir la salida del aceite y reclamando con agresividad algo que se consideraba injusto. Otros, preocupados por las consecuencias que podría traer un enfrentamiento con el gobierno si intentábamos impedir su incautación.
El consenso se fue encontrando cuando recordamos nuestra historia de resistir sin violencia, con una no violencia activa. Aquí mencionamos algunos casos:
En una ocasión, cuando gestionábamos el servicio de transporte, el gobierno de turno nos negó el subsidio necesario para cubrir los costos del pasaje. Subsidios muchos más altos se venían otorgando en las principales ciudades del país y teníamos un compromiso comunitario de mantener el precio del pasaje. Por eso, a pesar de las cuantiosas pérdidas que se venían generando, nos negamos a aceptar el aumento del pasaje propuesto por el gobierno.
Nuestra firme posición contó con un inmenso respaldo comunitario. Esto atemorizó al gobierno y apoyado por sectores políticos, decidió tomar nuestras instalaciones e incautar 132 autobuses. Por eso, 128 trabajadores cooperativistas quedamos sin ningún ingreso para nuestros hogares.
Acumulando enormes pérdidas económicas, resistimos en una posición de no violencia activa. Durante más de 120 días buscamos maneras creativas y solidarias para sustentar los hogares. Hicimos una caminata hasta Caracas, a casi 400 km de distancia. Al llegar allí, barrimos plazas como una manera de mantener la atención a nuestra causa justa. Al final, a través del dialogo en el respeto mutuo, se logró la devolución de los buses, revirtiendo la decisión tomada, al más alto nivel, de no devolverlos.
En otra ocasión se nos presentó la posibilidad de adquirir las instalaciones donde funciona actualmente uno de nuestros mercados más grandes. En ese momento ocupábamos, en alquiler, uno de los galpones de un conglomerado de tres hectáreas donde se almacenaba sorgo. Estaba alquilado a un empresario con mucho poder económico y político. Cuando el gobierno nacional ofreció en venta las instalaciones, los dos teníamos el derecho a compra que se les otorga a los inquilinos. Supimos que por presiones empresariales, el gobierno se estaba inclinando hacia el otro pretendiente.
Nuestra respuesta fue la toma pacífica de uno de los galpones otorgados en alquiler al otro inquilino. Resistimos ante la presión de la Guardia Nacional y una demanda penal. Establecimos en el galpón un servicio de distribución de comida a los bodegueros. Hacíamos guardias nocturnas grupales. Y para conseguir el apoyo del gobernador, hicimos una cadena humana de más de 15 cuadras hasta sus oficinas en el centro de la ciudad. En ningún momento interrumpimos el tráfico, mientras pasábamos de mano en mano una enorme piñata en forma de zanahoria -símbolo de nuestros mercados comunitarios-donde estaba la carta que una comisión le entregaría con nuestra petición.
Fruto de nuestras acciones, el Ministerio propietario de las instalaciones nos otorgó la primera opción de compra, pero dándonos un plazo de solo una semana para cancelar. No teníamos el dinero, pero sí la confianza de nuestros proveedores a quienes le solicitamos aplazar los pagos una semana más y hubo quienes nos dieron hasta un mes para cancelar. Por supuesto, las cooperativas agrícolas y las unidades de producción comunitaria de la red nos sumamos, retardando el cobro de las facturas pendientes. Reunimos el dinero y lo compramos.
Más recientemente, una funcionaria, recién llegada a la ciudad y encargada de velar por la distribución de alimentos en la región, nos ordenó abrir nuestros mercados un día adicional a los tres días en que nos damos este servicio como comunidad organizada. Un día adicional que consideramos vital para nutrir nuestro proceso educativo en reuniones. Ella nos amenazó con enviar el ejercito a retirar los productos alimenticios básicos que teníamos para ofrecer el siguiente día.
De nuevo, resistimos sin violencia, diciéndole que no dejaríamos entrar al ejército. Llamamos a las cooperativas de la red y los alrededores de nuestro deposito se fueron rodeando de solidaridad hasta altas horas de la noche. Hicimos contacto con funcionarios del gobierno que valoraban nuestro esfuerzo comunitario y le hicieron saber a la funcionaria el impacto de Cecosesola en las comunidades. Hasta allí llegó la amenaza.
Recordando estos y otros momentos, se fue construyendo un consenso de no dejar salir el aceite, resistiendo y dialogando, en el respeto mutuo. Actualmente, estamos conversando con el Ministro de las Comunas quién junto a otros altos funcionarios del Ministerio de Comercio acordaron elevar una propuesta a la Vice Presidencia de la República para que le otorgue a Cecosesola la autorización para efectuar una venta controlada de la mercancía.
Amanecerá y veremos.
Nota: Este artículo fue escrito, para la columna “Transitando nuevos senderos ” del portal https://desinformemonos.org/