En el año 1976, con el inicio del Servicio Cooperativo de Transporte, comenzó nuestra primera experiencia de tomar decisiones consensuales. Este intento se desarrolló entre las personas que gestionábamos el servicio. Una agrupación humana que fue creciendo rápidamente hasta alcanzar unos 300 participantes en menos de cuatro años. El resto de las cooperativas de la red y las otras instancias de Cecosesola continuaban funcionando dentro de los parámetros jerárquicos del cooperativismo convencional, con su asamblea anual, empleados, consejos directivos… Se dedicaban fundamentalmente a servir a sus asociados sin mucha preocupación por lo que ocurría a su alrededor.
En ese entonces, la asamblea anual de Cecosesola se polarizaba entre las personas que estábamos de acuerdo con el Servicio Cooperativo de Transporte y aquellas que se oponían. Consideraban una locura la manera como tomábamos las decisiones.
Cuando se acercaba una asamblea, invertíamos una buena parte de nuestra energía en cuadrar los votos para lograr la mayoría necesaria que garantizase la permanencia del Servicio. Se trataba de asambleas cada vez más polarizadas y violentas y a partir de la celebrada en junio del año 1980, se desafiliaron 17 de las 46 cooperativas de la red. Alegaban que la quiebra inminente del Servicio Cooperativo de Transporte llevaría al colapso a nuestro servicio funerario.
Al desincorporarse estas cooperativas, cambió totalmente el ambiente en nuestras asambleas y el consenso fue emergiendo. Sin embargo, ni en el primer intento del transporte cooperativo, ni en ese momento había entre nosotros mucha claridad de cómo ir desarrollando ese proceso entre tantas personas y cooperativas. El cómo ha ido emergiendo en el tiempo.
Ha ido emergiendo
• que es indispensable tener unos fundamentos o valores compartidos que nos guían y orientan. Fundamentos como el respeto, la trasparencia, la responsabilidad, la equidad y la solidaridad.
• que el consenso no es lo mismo que unanimidad. La unanimidad se encuentra dentro de la misma lógica de la votación, de la mayoría o la minoría.
• El consenso es un sentimiento que alcanzamos cuando la decisión es coherente con nuestros fundamentos y criterios colectivos y cuando existe la disposición a abrirse a las opiniones y sentimientos de las otras personas.
• que el consenso se va construyendo partiendo del deseo que esto ocurra, de la actitud de no querer imponer mi opinión sobre los demás. El personalismo no tiene cabida.
• que el consenso se logra en el momento que todos y todas sentimos que podemos vivir con la propuesta. No me opongo a pesar de mis pequeñas observaciones porque considero que la decisión es coherente.
• que es fundamental que tengamos la posibilidad de retomar cualquier decisión, en caso de que posteriormente aparezca una opinión aportando elementos de que la decisión tomada no fue coherente con nuestros fundamentos.
• que es necesario que en nuestras reuniones haya cada vez más personas involucradas en facilitar que el consenso se vaya dando. Personas dispuestas a escuchar y aprender de las demás.
En el quehacer diario
Estamos ante el reto de ir construyendo consensos entre aproximadamente 1.500 personas de más de 50 espacios de actividades.
En cada espacio pueden hacer vida entre 5 y 240 integrantes que se reúnen semanalmente, aunque a veces, simultáneamente no van todos. Además, efectuamos reuniones conjuntas entre las cooperativas integrantes de la red. Reuniones con asistencia de entre 60 y 250 personas donde participamos varios miembros de cada ámbito de actividad.
Un ejemplo de cómo se puede modificar una decisión tomada por consenso nos sucedió cuando un mercado cooperativo de la red saltó los fundamentos de transparencia y solidaridad e hizo caso omiso de uno de nuestros acuerdos más sagrados. No recibió los productos de las cooperativas agrícolas que fueron planificados para la red a los precios justos acordados. Se considera una falta muy grave si uno de nuestros mercados cooperativos se deja tentar cuando el precio de un rubro en el mercado está por debajo del acordado en la red.
En vista de que la cooperativa hacía caso omiso a las observaciones que se le decían, en una reunión conjunta de cooperativas agrícolas y de la ciudad se acordó por consenso suspenderle la carga de mercancía en nuestro centro de acopio.
Dos días después, en reunión de los mercados cooperativos, se consideró que está decisión no tomó en cuenta el daño que esto traería a las personas que se surten de este mercado.
Había dos posiciones encontradas y ante esta situación se llevó la problemática a nuestra reunión de la instancia educativa que se efectuó dos días después. Allí, con la presencia de varias cooperativas, incluyendo la afectada, se acordó por consenso que se continuaradespachando la mercancía, pero con una sanción que resarciera a los productores el daño económico causado. Decisión que fue apoyada por todos los integrantes de la red. Aportarían el 1% de sus ventas para un pote agrícola.
Esto no ocurre frecuentemente. Normalmente el consenso fluye con naturalidad y sin muchos contratiempos, tanto en nuestras reuniones como en el quehacer diario. Y es que progresivamente las reuniones van dejando de ser nuestro principal espacio para tomar decisiones. Con miras a ir propiciando nuestro proceso educativo de ir siendo personas íntegras, intentamos que la mayoría de nuestras decisiones se tomen en el día día, asumiendo nuestra responsabilidad. Decisiones que van siendo consensuales en cuanto sean coherentes con nuestros fundamentos, criterios colectivos y los acuerdos que hemos construido entre todos y todas.
De manera, que lejos de ser un proceso lento y burocrático, el consenso fluye con la agilidad necesaria para que podamos gestionar tan diversas y voluminosas actividades económicas con un impacto social tan grande en la región.
Nota: Este artículo fue escrito, para la columna “Transitando nuevos senderos ” del portal https://desinformemonos.org/