Cosas que quiero compartir

(Fragmentos de una reflexión escrita por Giulia “Zuzu” Montini. enviada el mes de julio 2025, desde Marsella, Francia) 

Nunca había pisado Sudamérica, no conocía a nadie allí. Mi español parecía el de una niña pequeña aprendiendo a hablar. Pero una amiga íntima que vive en la misma ciudad que yo, me había hablado con asombro de una organización venezolana: Cecosesola. Estaba asombrada por su forma de organizarse totalmente horizontal entre un gran número de personas. Así pues, mi interés por las formas no jerárquicas de organización colectiva me convenció para ir a Barquisimeto, al oeste del país.

Cecosesola es una realidad poliédrica que no busca la uniformidad ni la homogeneización para facilitar la unidad. Además, se define a sí misma como un proyecto en constante devenir. Por estas razones, Cecosesola es una realidad extremadamente compleja y resumir mi experiencia de descubrimiento de este universo no es tarea fácil.

Las personas que forman parte de Cecosesola no utilizan términos identitarios para definirse. No se autodenominan revolucionaries, aunque revolucionen radicalmente el sistema económico y las relaciones sociales. No se autodenominan anarquistas, aunque se organicen colectivamente prestando una atención constante a evitar los desequilibrios de poder y a crear una alternativa social al sistema estatal. No se autodenominan comunistas, aunque lleven a cabo cotidianamente un sistema de producción en el que los medios de producción pertenezcan íntegramente al colectivo de trabajadores/as.

Tampoco se autodenominan «contraries» a la autoridad del Estado, y este fue quizás el pensamiento más alejado de mi punto de partida, sobre el que reflexioné profundamente. Una frase muy repetida subraya su posición: Cecosesola quiere crear una alternativa funcional al modelo capitalista occidental, no luchar contra alguien o algo. Cecosesola no tiene una dirección predeterminada, su camino se construye en el hacer cotidiano y surge del encuentro de las personas que forman parte de ella. Esta reflexión desató ciertas conexiones que constituían mi postura política: partiendo de una crítica férrea al sistema capitalista, siempre pensé que las instituciones que lo amparan y reiteran sus normas eran el enemigo a combatir. Gran parte de mi energía y la de mis compañeres se ha dedicado a oponerse o denunciar las injusticias y la violencia que lleva a cabo el sistema vigente. No niego esta postura y pienso en la rabia y el sufrimiento que un mundo profundamente clasista, racista y patriarcal genera en la vida cotidiana de tantas personas. Sin embargo, me pregunto si podemos estar satisfeches con los resultados.

Tengo la impresión de que en los círculos antifascistas, feministas y antirracistas de donde vengo, el camino es inverso. El militante construye una identidad bien definida que parte sobre todo de lo que no se quiere ser: fascista, sexista, racista. Este trabajo de deconstrucción de las ideas preconcebidas, de reflexión sobre las dinámicas de poder y de crítica de la autoridad ha sido siempre para mí la base de toda aspiración a un mundo un poco mejor. Pero nunca me había dado cuenta de que ese punto de partida excluye a casi todos los que no están comprometidos con ese camino: los de derechas, los de izquierdas demasiado moderados, los ricos, los burgueses, los blancos que no se dan cuenta de sus privilegios, los machistas, los homófobos y transfóbicos, los racistas, la policía, las autoridades, etcétera. Me resulta difícil pensar en no excluir a ciertas personas y, al mismo tiempo, Cecosesola me demostró que cualquier persona puede cambiar a mejor, sea cual sea su punto de partida, si un grupo cohesionado y sólido está dispuesto a aceptarla. Afortunadamente, el respeto y la solidaridad, la cooperación y la confianza son contagiosos cuando se convierten en la norma del entorno que te rodea. Hay cosas que siguen sin explicación a mis ojos. Tantos funcionamientos específicos que mi pobre español no ha logrado captar. Y puede que ni siquiera sea una cuestión de idioma. Cecosesola es un experimento humano complejo y maravilloso, en absoluto infalible, pero convencido y decidido. En un mundo donde prevalecen el arribismo, la acumulación y el agobio, difundir la solidaridad y creer en una inteligencia colectiva me parece sumamente valioso.

No quiero que parezca fácil, cambiar uno mismo ya es una empresa, crear un mundo diferente me parece utópico. Pero sé que en Cecosesola la utopía se pone en práctica cada día y que me siento enormemente enriquecida por este encuentro. Cecosesola me ha demostrado que organizarse a gran escala sin jerarquías de poder no sólo es posible, sino que además crea mejores personas, dinámicas sociales más justas y entornos de vida y trabajo más saludables.

Nota: Este artículo fue escrito, para la columna “Transitando nuevos senderos ” del portal https://desinformemonos.org/

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