En Cecosesola, como organismo de integración, unas 750 personas gestionamos actividades que generan un ingreso anual de más de 120 millones de dólares. A la par, en las 50 cooperativas de la red, una cifra similar de personas llevamos adelante diversas actividades de producción y de servicios. Gestionamos cada actividad y la red, en su conjunto sin líneas de mando, dentro de un proceso en que vamos desdibujando las jerarquías que existen en cualquier grupo humano.
Convencionalmente, en las organizaciones el orden se logra a través de una disciplina impuesta desde arriba, por medio de líneas de mando.
¿Cómo lograr una disciplina colectiva en ese nuestro hacer, tan potencialmente caótico? Y no solo eso, ¿cómo esa disciplina ha facilitado movilizar semanalmente hasta 800 toneladas de verduras, de las cuales el 60% son producidas por cooperativas de la red, atender en nuestros mercados a más de 100.000 familias a precios muy por debajo de los de otros establecimientos e igualmente, en nuestros centros de salud, a más de 250 mil personas al año? ¿y cómo hicimos para salir airosos y fortalecidos ante una inflación anualizada, superior al millón por ciento?
La teoría del caos plantea que sistemas aparentemente aleatorios pueden tener un orden subyacente producto de un atractor extraño, un conjunto hacia donde convergen las trayectorias de un sistema que exhibe un comportamiento caótico. Se trata de una metáfora de la ciencia del caos que se utiliza para explicar cómo las organizaciones y los sistemas vivos se autoorganizan de manera impredecible, pero con un patrón subyacente. En lugar de un control estricto y jerárquico, la idea es que elementos como una visión compartida, valores claros o una cultura fuerte actúan como una «fuerza magnética» que atrae el comportamiento de las personas. Sus acciones se mantienen dentro de los límites de ese patrón general, creando una forma de orden emergente en medio del caos.
¿Cuál sería, entonces, ese nuestro atractor extraño que facilita el emerger de una disciplina colectiva?
Quizás la repuesta la podemos ir encontrando partiendo del hecho de que no nos agrupamos con fines de lucro, ni alrededor de creencia alguna. Nos agrupamos con la intención de generar un proceso educativo de transformación personal, de ir siendo personas responsables, transparentes, solidarias, con un creciente compromiso social, que poco a poco se va ampliando a incluir todo nuestro entorno. Y como tales, llevamos este proceso y este compromiso en nuestros corazones.
En otras palabras, en ir siendo personas que con nuestro comportamiento ético y la exigencia mutua propiciamos el progresivo emerger de la confianza, resultado de un respeto empático y un sentido de identidad con nuestro proceso educativo. Una confianza que se va ampliando entre toda persona u organización que se deje contagiar, ya sean integrantes de la red o todas aquellas personas que entran en contacto con nosotros.
Y así, cumpliendo con la palabra empeñada, surge una fuerza que mueve montañas. Fuerza que emerge del análisis y la reflexión ante las dificultades retadoras que se nos han venido presentando, ya sean de indisciplina interna o como los acontecimientos extremos que han acontecido en nuestro país.
Pareciera, entonces, que nuestro atractor extraño se encuentra en la confianza que ha ido emergiendo, en cuanto nuestros comportamientos van siendo fieles a esos fundamentos éticos que son la esencia de nuestro proceso educativo.
Nota: Este artículo fue escrito, para la columna “Transitando nuevos senderos ” del portal https://desinformemonos.org/