El pasado 24 de junio, Venezuela amaneció con el espíritu festivo propio de la fecha que conmemora la Batalla de Carabobo, un hito histórico de 1821 que consolidó nuestra independencia frente a España. Simultáneamente se celebraba el Día de San Juan Bautista, una de las tradiciones más importantes de nuestra identidad cultural, vinculada sobre todo a nuestras raíces africanas. Era una jornada tranquila, con familias disfrutando del asueto y amantes del fútbol sintonizando el partido entre Escocia y Brasil por la fase de grupos del Mundial 2026.
Sin embargo, a las seis y cuatro minutos de la tarde, la cotidianidad se interrumpió. Los teléfonos Android emitieron una alerta anticipando, por apenas unos segundos, un fuerte terremoto con epicentro en el estado Yaracuy. La confusión inicial se fue disipando a medida que fluía la información en medios y redes sociales. Poco después, el Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS) confirmaba la magnitud del evento: se trataba de dos sismos diferentes de 7.2 y 7.5, con una diferencia de apenas 39 segundos entre ambos. En total, fueron tres minutos de terror.
El impacto se sintió con fuerza en los estados Falcón, Lara y Carabobo, pero dejó su mayor huella y nivel de afectación en el estado La Guaira y en diversas zonas de la Gran Caracas. Con el paso de los días, la magnitud de la emergencia se hizo evidente. Los reportes confirmaron miles de familias afectadas, catalogando este evento como uno de los desastres naturales más dolorosos de nuestra historia reciente, evocando en la memoria colectiva la tragedia de 1999, un gigantesco deslave en ese mismo estado, antes llamado Estado Vargas.
En medio de la conmoción, millones de personas en Venezuela transformaron la angustia en acción solidaria. En las primeras horas, cientos de personas, algunas sin más herramientas que sus manos desnudas, comenzaron a cavar entre los escombros. Organizaciones como Protección Civil, la Cruz Roja Venezolana, Cáritas y cientos de ONG comenzaron a trabajar al lado de organismos del Estado socorriendo a las víctimas. A este heroico esfuerzo, se sumó la comunidad internacional: más de 30 países, entre ellos Costa Rica, Estados Unidos, El Salvador, España, México, Colombia, Francia, Alemania y Argentina, enviaron brigadas de rescate, personal médico y más de 600 toneladas de ayuda humanitaria.
Una ola de solidaridad comunitaria.
En la Red Cecosesola venimos construyendo, desde hace más de 50 años, un proceso educativo de transformación cultural fundamentado en la equidad, la responsabilidad y el apoyo mutuo. Entre las personas que participamos en las 50 organizaciones comunitarias que integramos esta Red, la solidaridad y el apoyo mutuo son parte de nuestra vivencia cotidiana. Cuando surgen necesidades en nuestras comunidades, nuestra respuesta natural es encontrarnos para construir soluciones colectivas.
Así sucedió también en la noche del 24 de junio. Los terremotos vividos en el país despertaron, de manera espontánea, una profunda ola de solidaridad en todos nuestros espacios. Inmediatamente, fuimos habilitando centros de acopio para brindar apoyo a las familias afectadas. Esta respuesta es el reflejo vivo de que somos una gran familia extendida; una acción que fluyó con total naturalidad, fundamentada en la confianza, en nuestros criterios y en nuestra forma de actuar en colectivo.
Alimentos, medicinas, artículos de higiene, colchonetas, ropa y calzado fueron llegando a nuestros centros de acopio gracias a la confianza comunitaria construida a través de los años y al esfuerzo compartido de muchísimas personas que se sumaron a esta actividad. Apenas a 72 horas de la tragedia, la primera parte de lo recolectado se trasladó desde Barquisimeto en varios camiones hacia las zonas afectadas. Luego, se siguieron realizando viajes, a cargo de equipos rotativos, integrados por personas de diferentes organizaciones de la red. En esos equipos también se incorporaron compañeros profesionales de nuestros centros de salud. En este caminar, contamos con el apoyo incondicional de la organización amiga de Caracas, El Parque Cultural Tiuna El Fuerte, quienes nos abrieron sus espacios para funcionar como centro logístico cerca de las zonas críticas. Por varios días, organizamos cocinas al aire libre para preparar alimentos calientes y poder distribuirlos entre las víctimas y apoyar también a los socorristas en el terreno.
Al mismo tiempo, diversas organizaciones internacionales de Alemania, Brasil y Colombia, con las que tejemos lazos desde hace años, nos contactaron con el propósito de enviar aportes económicos solidarios para hacerlos llegar a las familias afectadas. Esto demuestra que las fuertes relaciones de confianza que hemos ido construyendo son valoradas también internacionalmente y reafirma que el trabajo comunitario de nuestra red es un pilar indispensable en los momentos más difíciles.
Las necesidades de las víctimas de los terremotos continúan. Como Red Cecosesola estamos conversando de qué manera podemos seguir apoyando y cómo profundizar las relaciones que hemos venido creando con varias organizaciones hermanas que continúan en la Guaira atendiendo directamente a tantísimas familias que permanecen en los refugios.
Nota: Este artículo fue escrito, para la columna “Transitando nuevos senderos ” del portal https://desinformemonos.org/