En la red Cecosesola, estamos sumergidos en un proceso educativo permanente que se desarrolla en el marco de todas las actividades que emprendemos.
Esas actividades incluyen, entre otros, el fondo del servicio funerario cooperativo donde participamos 26.000 familias; las ferias de consumo familiar donde más de 100.000 familias abastecemos nuestros hogares; la red de 21 cooperativas agrícolas donde alrededor de 350 hombres y mujeres se integran para formarse, planificar y producir para esos mercados…
Nuestro compromiso va mucho más allá de ejecutar las tareas necesarias para desarrollar esas demandantes actividades: se trata de la reflexión constante sobre las cualidades de nuestras relaciones en el quehacer diario. Para ello, intentamos desdibujar en todo momento las relaciones jerárquicas propiciando la participación genuina de las personas que participamos en la red.
Para sostener esta inmensa red de relaciones y evitar que nuestro proceso pierda su esencia, es vital mantener nuestra disciplina colectiva. Esta disciplina no es un manual con normas rígidas, sino el cumplimiento consciente de nuestros acuerdos y criterios compartidos. Es una realidad donde, a veces, cruzamos los límites y la convivencia se desborda hacia el libertinaje. En esos momentos, donde nos faltamos el respeto y se genera un desorden insostenible, hemos tenido que tomar “medidas administrativas” como un freno necesario.
El riesgo latente es “emocionarnos” con el castigo y empezar a aplicar estas medidas de forma automática ante las irresponsabilidades de unos pocos. Si hacemos eso, retrocedemos. En Cecosesola, nuestra verdadera apuesta es ir siendo una familia extendida construyendo relaciones de confianza. Esa confianza no se decreta: se teje pacientemente en los encuentros que vamos teniendo día a día. Es un hilo muy fino, muy frágil, que sostiene nuestra armonía.
Por eso, antes de emprender cualquier actividad o tomar una medida drástica, debemos analizar si ésta profundiza nuestro proceso o lo contradice. Nuestra principal herramienta siempre debe ser la invitación a reincorporarnos a través de la “precisión” o la observación. Estos son llamados de atención que deben nacer del respeto, la empatía y la escucha. Y cuando las actitudes son reincidentes, intentamos no instalar un tribunal para juzgar, sino abrirnos a un “análisis para la reflexión”. Así, buscamos garantizar que el abordaje siga siendo un hecho educativo, coherente con nuestra intención de fomentar relaciones de transparencia, equidad y solidaridad.
Este planteamiento sobre cómo evitar resolver las situaciones donde nos “embochinchamos” o desbordamos, a través de “medidas administrativas” ha sido tema de conversación en nuestros últimos encuentros.
Cómo ejemplo, en la última convivencia de la Feria del Centro, con la participación de 240 trabajadoras y trabajadores asociados, luego de leer el texto anterior, nos organizamos 8 grupos.
Queremos compartir las preguntas generadoras de esa reflexión grupal:
1.Sobre el límite entre cuidar y castigar.
- En nuestra cotidianidad y en nuestros equipos de la red, ¿cómo podemos darnos cuenta cuando estamos cruzando esa línea entre querer cuidarnos/educarnos y simplemente “castigar” al compañero? ¿Qué podemos hacer para detenernos antes de actuar desde esa emoción?
- El reto de la “Precisión” oportuna y empática.
- Sabiendo que ésta es nuestra herramienta principal, ¿por qué a veces nos cuesta tanto hacernos estas observaciones? ¿Qué miedos o actitudes nos impiden hablarnos a tiempo antes de que la situación se convierta en un problema mayor?
3: Del tribunal al “Análisis para la reflexión“
- Para que esto sea una realidad y no solo una frase bonita, ¿cómo debemos prepararnos (mental y emocionalmente) antes de entrar a un análisis con un compañero? ¿Qué ingredientes no pueden faltar en esa conversación para que la persona sienta que es una invitación a reincorporarse y no un juicio?
Nota: Este artículo fue escrito, para la columna “Transitando nuevos senderos ” del portal https://desinformemonos.org/