LO POLÍTICO EN CECOSESOLA

En los años 70 del pasado siglo, tuvimos una posición muy clara de luchar frontalmente, ante las injusticias que emanaban del gobierno de turno. Allí estaba lo político en Cecosesola. En las luchas reivindicativas.

Sin embargo, reflexionando sobre nuestro accionar durante esa época, nos fuimos dando cuenta de que en la lucha terminábamos envueltos en las entrañas del mundo que queremos transformar: la competencia, las relaciones de dominación y de utilización, así como el mundo binario de las separaciones. De los buenos y los malos. Como dijo alguien en una ocasión, si el poder te pisa, termina contaminándote con la suela de sus zapatos.

La lucha a favor o en contra del poder entra en franca contradicción con nuestro proceso abierto a toda persona que se quiera contagiar con esa nuestra manera de ir construyendo relaciones armónicas. Relaciones basadas en la confianza que emerge del respeto, la responsabilidad, la equidad y el cuido mutuo. Una travesía a través de la cual vamos generando un proceso de transformación cultural, transcendiendo la competencia, las relaciones de dominación y de utilización, así como el mundo de las separaciones. Elementos culturales que nutren las injusticias existentes.

Entonces justo allí, en nuestro proceso transformador, encontramos lo político en Cecosesola, hecho que se manifiesta de múltiples maneras en el quehacer diario.

Cecosesola se constituye alrededor de un fondo colectivo que no es propiedad de nadie en particular, sino que se encuentra en función de las necesidades, tanto de sus miembros como del resto de la comunidad. Un fondo que va pasando de generación a generación. De manera de que nadie pude decir que es dueño de Cecosesola, pero sí, cualquiera puede sentirse que es parte de ella.

Esto dentro de una política de ir siendo comunidad, transcendiendo las separaciones. Todas somos personas de una misma comunidad. No somos una empresa con clientes, pendiente de producir excedentes para unos dueños. No solo no tenemos fines de lucro, sino que, además, en nuestras decisiones están muy presentes las necesidades comunitarias. Y en este ir siendo comunidad, progresivamente, vamos construyendo relaciones de respeto con nuestro medio ambiente.

En nuestra red, conformada por unas 50 cooperativas, intentamos ir trascendiendo las relaciones de utilización mutua moviéndonos hacia relaciones de equidad. No negociamos los precios de los productos intercambiados dentro de la red, sino que consensuamos precios justos, basándonos en los costos. Y estos acuerdos no se sellan con firmas. sino que se basan en el valor de la palabra.

No solo no tenemos líneas de mando dentro de una red de más de 1500 personas que contribuimos al quehacer diario, sino que, además. vamos evidenciando y desdibujando las relaciones de poder informales que emergen en cualquier grupo humano.

Es más, en cada uno de nuestros servicios tenemos una política que rompe radicalmente con lo establecido en nuestra sociedad, al cobrar remuneraciones iguales en cada espacio productivo. Y en busca de la equidad, se propicia el compromiso de cada quién de dar lo mejor de sí en el accionar diario, así como existe una compensación adicional para los padres o madres con descendientes directos menores a los 15 años.

Igualmente, tras la equidad, existe una política de que los mercados cooperativos con mayores volúmenes de operaciones compensemos a los más pequeños con menor capacidad productiva.

Existe, también, una política equitativa en cuanto a la participación de hombres y mujeres tanto en las actividades como en la toma de decisiones.

Nuestras reuniones son abiertas No tenemos secretos.

Y todo esto es político porque a través de este proceso de transformación cultural vamos construyendo otro mundo posible que rompe con las estructuras de la sociedad actual.

Nota: Este artículo fue escrito, para la columna “Transitando nuevos senderos ” del portal https://desinformemonos.org/