¿Nos encontramos encerrados en una tacita de oro sin importarnos cómo nuestra civilización destruye la posibilidad de vida en el planeta?

De encerrarnos en nosotros mismos, nuestra experiencia se reduciría a un grupo de amigos y amigas que la pasan bien mientras el mundo se cae a pedazos. Seríamos como una secta centrada en sí misma, sin un compromiso social. Pero de existir un compromiso social estaríamos de una u otra manera en el campo de la política. Por supuesto, no en el de la política partidista o en el de la lucha por el poder, ni tampoco en el de la búsqueda de soluciones desde el poder.

El componente político de nuestro esfuerzo, así como la esencia de nuestro compromiso social, se encuentra en cuanto vamos profundizando un proceso de transformación cultural que busca conectarse con el otro, la otra y lo otro en relaciones dignas, caracterizadas por la transparencia, la responsabilidad y el respeto. Se trata de ir permanentemente desdibujando nuestras fronteras, irradiando el ámbito del nosotros sin ponernos límites, abriendo la posibilidad de conectarnos con todo lo que es vida en nuestro universo.

 

Aunque respetamos y valorizamos las luchas reivindicativas que se realizan por construir un mundo mejor, no hacemos énfasis en ellas porque se hace muy difícil hacer las dos cosas a la vez. Las luchas reivindicativas, al plantearse en el terreno del enfrentamiento, tienden a atraparnos en las emociones y la lógica del poder, en esos deseos y ambiciones por tener y acumular poder y/o bienes materiales, así como en la lógica de la competencia, la separación y la jerarquía de dominación. Y son precisamente estas emociones y esta lógica las que se encuentran detrás de la destrucción de nuestro planeta, constituyéndose ellas, justamente, en lo que es menester transformar. En nuestra experiencia cooperativa del transporte urbano vivenciamos las dificultades que se presentan cuando intentamos generar un proceso transformador estando inmersos en una lucha reivindicativa.

Por lo tanto, intentamos, más bien, de enfocar nuestro compromiso social en ir descubriendo maneras de relacionarnos en el respeto y no en la competencia, apostando a contribuir al amanecer de una nueva civilización. Y para poder contribuir en algo a la problemática planetaria es menester estar abierto a conectarnos con todo lo que nos rodea, lo cual implica el ir ensanchando el círculo del “nosotros”, derrumbando las fronteras que se crean a través de separaciones artificiales fomentadas a través del proceso de socialización. Lo político de nuestro compromiso social radica en un proceso de transformación cultural que nos transcienda.

Por ello, cobra importancia que mantengamos una invitación permanente hacia las personas que se quieran o se puedan incorporar, constituyendo una organización abierta a cualquier ente que desee aportar, desarrollando reuniones donde se acoge a todo el que quiera participar, compartiendo nuestro proceso transformador al ir construyendo con el otro y la otra relaciones de transparencia, responsabilidad y respeto.

Esto implica, además, que, cuando seleccionemos las actividades a desarrollar, le demos prioridad a aquellas que potencien el encuentro en un accionar comunitario y que estemos pendientes en ellas de los más mínimos detalles que crean separación y que provienen de nuestro proceso de socialización. Por ejemplo, el uso de uniformes; el apropiarnos de privilegios en los servicios que nos prestamos como comunidad; el separarnos entre productores y consumidores o entre creadores de un servicio y clientes o pacientes. Además, es menester hacernos consciente de nuestro lenguaje corporal y verbal el cual, al estar condicionado por nuestra cultura, abunda en poses, frases y palabras que separan.

Hagamos esfuerzos porque nuestros intentos por generar un proceso de transformación personal y organizacional se encuentren a disposición de todos y todas y que estemos impregnados por la voluntad de enriquecerlo en el intercambio. Que no hayan secretos. Que profundicemos en constituir una organización abierta y transparente, haciendo hincapié por que el círculo del “nosotros” esté en permanente evolución. Allí se encuentra el componente político de nuestro compromiso social.